Trece pasos para un día jodidamente perfecto

Los que creemos en el Evangelio según San Murphy sabemos que el cenizo es algo que pende sobre nuestras cabezas a lo largo del día como la espada de Damocles y sólo en algunas ocasiones aparece para estropearnos el día.

A veces, esas “malas suertes” se ponen de acuerdo para ofrecernos un comienzo de día que si no inolvidable, sí que perdurará en nuestro recuerdo durante un largo tiempo. Los sucesos matinales de esta índole son bastante típicos, así que lo que a continuación viene es lo que podría ser una conspiración de los dioses contra un pobre currante mañanero que, sin comerlo ni beberlo llegué a ser el chuleta de un barrio se encuentra con lo que podría ser el peor comienzo de día de su vida:

1.- Te suena el despertador

Ya el simple hecho de que suene, mires el despertador con el rabillo del ojo y compruebes que es la hora de salir de tu nido calentito y mullidito y enfrentarte al comienzo de la semana –por supuesto, es lunes- no te hace comenzar con muy buen pie. Además odias con toda tu alma el sonido del despertador, si no fuera porque te lo regaló tu novia lo lanzabas por la ventana. Y si eres de los que usan el móvil y ponen su canción favorita para despertar, acabarás aborreciéndola hasta el punto de que será la banda sonora de tus peores pesadillas. “¡Arriba, dormilón!”

2.- Mejor aún, NO te suena el despertador

Se ha ido la luz, olvidaste programarlo, se ha acabado la pila, la batería o sencillamente ha decidido estropearse justo hoy. Te levantas media hora después de lo debido pegando un salto espectacular, te agarras de la lámpara, triple mortal en el aire y caes sobre tus zapatillas, te olvidas de que hace frio y sales pitando para la ducha. Con lo que mola despertarse a lo natural, cuando te lo pide el cuerpo, mientras cantan los pajaritos y piensas “joder, qué buena tarde hace…”.

3.- En la ducha

Sabes lo que va a pasar. El agua caliente tarda más de lo normal en salir, pero sale. No queda gel, así que usas el champú “rizos definidos de garnier” de tu novia, esposa, hermana o madre para lavarte todo el cuerpo. Te frotas bien y –TÁCHÁN- sí, se acabó el agua caliente. Como todos han salido ya de casa, te aclaras todo lo rápido que puedes mientras crees que vas a morir y que de la ducha salen agujas afiladas en vez de agua. ¡Te has dejado champú en la entrepierna! Da igual, te lo quitas con la toalla, que no llegas.

4.- La lentilla

Vas con el tiempo pegado y lo sabes. Te secas, te vistes y te quieres poner las lentillas, ¿verdad? Pues la lentilla izquierda no entra. Primero te la vas a poner al revés. Notas que algo no va bien, la pones al derecho y que no entra en el ojo. Al final, con el ojo lloroso y enrojecido, la puta lentilla se quiere quedar dentro. Te secas las lágrimas y bajas a desayunar.

5.- No queda leche

Lo mejor que puede pasar es que quede muy poca y tengas que empezar un cartón nuevo -con las prisas derramarás todo-, que ya de por sí molesta cuando vas a contra reloj, pero puede ser que no quede ninguna, o no quede café, o esos bollitos tiernitos que compraste para desayunar se los haya comido alguien… Hoy has tenido que empezar un cartón de leche, has derramado una poca por la encimera y no tenías café, que no está mal, así que te bebes un vaso de leche tibio con un poco de azúcar. La comida más importante del día, sip, ya.

6.- Esa taza

Aquella taza tan chula personalizada que alguien te regaló con una foto tuya y de tus amigos haciendo el canelo, esa taza que es fea a morir pero a ti te gusta, la que has usado para la leche, esa misma taza se desliza de tus manos al intentar dejarla en el fregadero, cae lentamente en el suelo y estalla como el Big Bang, pero en mitad de tu cocina. Vas tarde, no puedes parar a recogerla, así que ves con pena como la cara de tu amigo Dani te mira desde debajo de la mesa y te piras volando, hacia la puerta de la república independiente de tu casa.

7.- Las llaves

Como siempre que vas con prisa, no encuentras las llaves. Buscas corriendo por toda la casa mientras maldices tu suerte y las encuentras encima del microondas. ¿Qué coño hacían ahí? Me piro ya, que ni me lo creo.

8.- Te secuestran el ascensor

Increíble, todos los vecinos han decidido salir a la calle justo a la misma vez que tú. Tu bloque sólo tiene seis plantas, pero el maldito ascensor va de la cero a la seis, de la seis al cero, del cero al garaje, del garaje al tercero, donde lo retienen contra su voluntad (aporreas en la puerta para que lo suelten), del tercero al cero y por fin queda libre, lo llamas, sube a tu quinto, entras, hay un pestazo a Brummel que tira para atrás y, aguantando la respiración, bajas. Tenías que haber bajado por la escalera…

9.- El tiempo, que no se aclara

¿Recuerdas que cuando has mirado a la ventana mientras te tomabas la leche tibia estaba algo nublado? Abajo te acuerdas de que pensaste en llevarte el paraguas. Pero no lo has hecho. Y chispea. No, ahora ya llueve. Vas medio corriendo hacia la parada del bus con tu cara de SuperLunes, que sólo te falta echarte a llorar, no lo haces porque te vería la gente.

10.- Se veía venir

Doblas la esquina y ves la parada, con el bus que te lleva al curro parado en ella. Sabes que odias correr hacia él porque justo cuando vas a llegar se pira y te deja con cara de repóquer, pero hoy tienes que intentarlo. Esprintas hacia la parada como alma que lleva el diablo porque, recuerda, ya venías corriendo desde casa, y justo cuando vas a llegar se pira y te deja con cara de repóquer. Lo sabías. Esperas al siguiente, ya sabiendo que llegas casi una hora tarde.

11.- El universo pasa por tu calle

El niñato de turno te ha dado la brasaza con su móvil y su musicón guapísimo, pero al fin bajas del autobús. Tu oficina queda justo al cruzar la calle. El paso de peatones queda muy lejos, así que vas a jugarte el tipo cruzando por donde no hay paso porque por esta calle no hay mucho tráfico. Pero hoy, cuando más prisa tienes, parece que media ciudad ha decidido pasar por tu calle. Justo cuando crees que sólo falta por pasar un mamut rosa, te hartas. No vas a ir al paso de peatones, así que te tiras en plan kamikaze. Al grito de banzai saltas al asfalto, te pita un coche, alguien te dice gilipollas y una moto de MRW está a punto de arrollarte. Llegas vivo al otro lado y subes a tu trabajo.

12.- El desayuno strikes back

“Ay, ay, ay, esa maquinita de café calentito… malo, pero café a fin de cuentas…” Llevas todo el trayecto con el bus sintiendo que te falta el café, que si no fuera por el niñato ya te habrías dormido, así que tu mente piensa en la cafeína y en esa máquina. Sacas corriendo la moneda, que la tienes, llegas a la máquina y… ¡bingo! Está rota. Vas a derrumbarte por completo cuando ves que sólo está desenchufada. “Si está así será porque se ha estropeado”, aunque la enchufas y… no se enciende. Un compañero pasa y te dice que Fulánez ha sacado el último hace cinco minutos. Miras tu moneda de euro con pena y resignación y te arrastras hacia tu puesto de trabajo.

13.- La entrada triunfal…

…que no es la tuya, ¡faltaría más! Sabes que ayer te dejaste un montón de cosas pendientes, así que hoy toca arrimar el hombro. Revives lo que llevas de mañana y sientes que no hay nadie en el mundo más desgraciado que tú, una mezcla de frustración e ira al 50%, aunque poco a poco te calmas y vas aceptando la realidad. Pero claro, te van a dar la puntilla. ¿Quién? Tu jefe. Ese hombre que llega dos horas después que tú coincidiendo con que el cielo se despeja y un rayo de sol le ilumina mientras entra triunfal, sonriente, moreno y proviniente de su viaje de aniversario con su señora a Punta Cana, se te acerca y te dice “Vaya, parece que al final hace buena mañana, ¿no? ¿Qué tal todo?” De verdad que quieres decirle qué tal va la jodida mañana, qué tal ha ido hasta ahora y qué tal va a ir, pero te muerdes la lengua y aprietas los puños bajo la mesa. “¡Alegra esa cara, Mártínez!” Qué vida más perra.

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10 pensamientos en “Trece pasos para un día jodidamente perfecto

  1. Sunne dice:

    no se si es verdad, pero me creo que te puede pasar y afirmo que te encantará Larry David XXD

  2. La Rizos dice:

    Bueno, podría ser peor. Esas llaves podrían haberse quedado sobre el microondas, por ejemplo 😛

    Think positive!

  3. picomike dice:

    Creo que debo de aclarar que es un relato de ficción…

    La idea era hacer una lista de cosas que dan rabia por las mañanas, pero al final me ha salido esta historieta.

  4. poweno dice:

    Tambien podria añadirse a la lista que no hay papel de culo en el wc y tengas que abrir un paquete nuevo (cuando estuve viviendo en piso de estudiantes se me quedó “papel de culo”, los resquicios del mundo warro que tenia).

    Eso si, totalmente de acuerdo en lo del ascensor. El mundo se mueve al mismo tiempo que uno mismo y parece que todos viven tu edificio casualmente.
    Y lo peor es que, sobretodo si vives en una planta alta, te piensas “tardaré menos si bajo andando?” y entre la duda que si y que no, acabas siempre esperando el ascensor, a no ser que tengas muchisimas prisa.

    Saludetes.

  5. sunne dice:

    “Creo que debo de aclarar que es un relato de ficción…”

    Mierda”””

  6. Pues aunque sea ficción, suena increíblemente verosimil. Me gusta.

    besitos

  7. gamboi dice:

    xD, he empezado a creérmelo porque el año pasado tuve un dìa literalmente como ese, cambiando el trabajo por un bonito “examen final” :D.

    Lo de la lentilla, lo peor es cuando tiene una mota de polvo microscòpica que te jode el ojo y estàs en medio de la calle :D.

  8. Ana dice:

    sumemos cuando estás casi lista para salir y plofff….manchurrón…y ahora que me pongo!!!???…mecagoentó!…me reido un taco, yo tengo días así normalmente, trastillo?…no…

  9. Lucía dice:

    Puff, suerte que no recuerdo un día tan malo … Supongo que hace mucho que no tome ni leche ni café,jeje.

  10. picomike dice:

    poweno, lo del papel del culo es tan cierto como que hoy es hoy.

    sunne, es ficción, pero tú sabes que está hecho con trozos de realidad 😉

    CdM, gracias!

    gamboi, sí señor, así es. Y en un día de viento tienes muchas opciones de que te pase…

    Ana, trasto no! Está claro que la ropa tiene más posibilidades de ser manchada cuanto más recién lavada esté. Eso es así.

    Lucía, pues los hay hasta peores! jajaja

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