2ª versión del relato de una chica de Marte: Un segundo en el tiempo

Hace unos días, una chica de Marte escribió un relato corto que me gustó, como siempre. Podéis leerlo aquí. En los comentarios me propuso escribir algo, una segunda versión o continuación de esta historia. Aunque la idea me atraía, pensé que no sería capaz de escribir dos palabras seguidas, pero esta mañana, en uno de esos descansos que hago, estaba tan saturado que no podía seguir estudiando, así que decidí intentarlo. Y lo he hecho. No es una continuación, es el mismo momento pero visto desde otra perspectiva. Esto es lo primero que escribo después de no sé cuántos años, así que ando bastante oxidado. Aquí lo tenéis. Os recomiendo leer antes la primera versión.

EDITO: imigueldiaz ha hecho lo que había que hacer y ha completado el círculo. En su blog publica la tercera versión del relato. Genial! También os invito a leerla. En verdad da igual el orden en que lo hagais porque podrían ser relatos independientes, pero los tres juntos hacen que el conjunto gane mucho. Disfrutadlo!

Me podrían tomar por loco, lo sé. O por tener la imaginación de un niño de diez años. Pero como nadie jamás leerá esto, no me importa.

Siempre me he considerado una persona muy escéptica, alguien que siempre ha sido del “si no lo veo, no lo creo”, aunque lo que ocurrió ayer me ha hecho plantearme toda mi filosofía, toda mi vida.

Estaba en casa, mi tarde estaba resultando ser un desastre. Tenía que hacer algo, salir a la calle, hacer algo diferente, no sé, pero me costaba hasta mover un dedo, así que allí estaba, tirado en el sofá con la tele encendida. En el momento álgido de mi apatía, sonó el teléfono. Era ella. Como un resorte, me incorporé y contesté. Me dijo que le gustaría que estuviera en aquel bar, que ella estaría allí y que me necesitaba en aquel lugar. Me pidió que no le hiciera preguntas, que cuando llegara no la saludara. Simplemente permanecer a lo lejos, pero a la vista. Quería poder verme mientras ocurría algo. Intenté hablarle con una calma que no tenía, le dije que iría -cómo no- y me colocaría a una cierta distancia desde donde pudiéramos vernos. Me lo agradeció con una voz que parecía esconder temor y entonces colgó. Ni que decir tiene que no me faltó tiempo para saltar del sofá, vestirme con lo primero que tuve a mano y salir hacia aquel bar.

Cuando llegué, ella estaba allí. Ella y Esteban. De pie junto a una pequeña mesa alta, parecían conversar con tranquilidad. Sin embargo, algo ocurría. Pude sentir la tensión en sus cuerpos. Él se encontraba con los codos apoyados en la mesa y sus expresiones, a veces alegres, a veces serias, denotaban nerviosismo. Algo estaba sucediendo, no era normal verlos así.

Me quité el abrigo y me situé en la barra. Me encontraba tan atrapado por la situación que, en medio del bullicio, para mí sólo estábamos ellos y yo. Cuando el camarero me preguntó qué iba a tomar volví a la realidad por un momento. De repente, toda aquella gente que no estaba, apareció a mi alrededor y el choque me hizo dudar más de lo que al camarero le pareció razonable. A punto de irse, le pedí una cerveza que nunca bebí y volví a centrarme en aquella mesa. Todo transcurría igual, entre risas fugaces y conversaciones que querían aparentar una normalidad que no existía.

De repente, sucedió. Oí algo, aunque no a través de mis oídos, sino en mi cabeza, como una voz interior. Vi los labios de Esteban articular tres palabras que retumbaron lentamente dentro de mí:

“Tenemos que hablar”

Casi al instante, ocurrió algo que nunca jamás podré contar a nadie, sólo a ella, a mi mejor amiga. El tiempo se paró. No es una forma de hablar, literalmente todo se paró. Aún más, aquello vino acompañado por el silencio más absoluto, el más terrorífico que he sentido jamás. Parecía como si de repente la vida hubiera desaparecido por completo de la faz de la tierra. La gente que me rodeaba parecían simples maniquíes. Expresivos, pero vacíos.

Hubo algo que me sacó de mi sobrecogimiento. Me di cuenta que entre aquella masa gris de personas había alguien que no sólo se movía, sino que parecía más viva que nunca. Era ella. Mi querida amiga se encontraba hundida en una expresión de dolor. Agarraba con fuerza la mano de Esteban como si nunca más pudiera volver a tenerla entre las suyas. Acarició su pelo y entonces me miró, con las mejillas sonrojadas. Quise ir hacia ella, lo quise con todas mis fuerzas, pero comprobé que yo también estaba inmóvil. En medio de aquel silencio pude escuchar su respiración, agitada y sin aliento. Su mirada me transmitió lo que yo ya sabía: Esteban estaba a punto de dejarla. Sin embargo, mientras me miraba, comenzó a sonreír. Una sonrisa que me reconfortó como pocas lo han hecho jamás. Sentí que no todo iba tan mal, sentí que podría ayudarla en esto, estar a su lado una vez más. Algo más tranquila, se centró de nuevo en Esteban. Durante un tiempo que me pareció interminable estuvo allí, junto a él. Volvió a tomarle las manos con calma y allí estuvo, no sé cuánto tiempo transcurrió. En cierto momento tras aquella eternidad, se alejó para acercar una silla. La situó detrás de ella y le acarició el pelo una vez más, como se acaricia una última vez y, sin saber porqué ni cómo, el mundo volvió a girar sobre su eje.

Esteban se acercó a ella, pero ella dijo algo y se echó hacia atrás. Pareció tener un ligero mareo y cayó sobre la silla que poco antes había colocado. Él se agachó frente a ella y le agarró por los brazos. Al poco, ella volvió a alzar la mirada y nos volvimos a encontrar. Esta vez le sonreí.

Sabía que estaría junto a ella, que podría ayudarla, que el mundo seguiría mucho tiempo más girando sobre su eje y nosotros seguiríamos su avance, lento, pero esta vez decidido, de otra manera. Como siempre debió ser.

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8 pensamientos en “2ª versión del relato de una chica de Marte: Un segundo en el tiempo

  1. W-O-W, este también mola lo suyo !!!! Creo que a CdM le va a encantar…

  2. Chica de Marte dice:

    Me encanta!!!! Además Miguel es mi personaje preferido!!!! Tienes que escribir más, Picomike, lo haces genial!!!

    Un beso y gracias por darme la mirada desde otra perspectiva

  3. picomike dice:

    CdM, esta vez era fácil porque la historia ya estaba inventada. Justo es eso lo que más me cuesta, en imaginación estoy más seco que el río de mi pueblo…

    Me alegro de que os haya gustado! 😀

  4. gamboi dice:

    He leído los tres, y más que sinceramente:

    El tuyo está de putííísima madre ^^. Me ha gustado porque me ha parecido una fotografía algo más que perfecta “amigueladamente hablando” del relato de Chica de Marte. Sois unos cracks :).

    Ya sabes, ésto es como los conciertos:

    Oootra, oootra :D.

  5. picomike dice:

    Muchas gracias, gamboi! La verdad es que todo es ponerse. A ver si este verano que tendré más tiempo escribo algo más, o hacemos algún relato más de este estilo, que estaría bien…

  6. Chica de Marte dice:

    Yo me apunto incluso al cinco bandas, a ver si Gamboi y el Sr deTamble también se apuntan al próximo.

  7. picomike dice:

    Pues genial! Me gusta la idea.

  8. […] que en el relato de nues­tra mar­ciana pre­fe­rida y su habi­li­dad de parar el tiempo, y tras el punto de vista de piko­mike como Miguel había que com­ple­tar el trian­gulo, dando voz, en lo posi­ble a Este­ban ya que nadie sabe […]

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