Kung-Fu Master: Un arcade a mi altura

Lo que siempre quisiste, este maquinón en mitad del salón de tu casa Recuerdo mis primeros acercamientos a las máquinas recreativas hace como mil millones de años, cuando era un pingajo que no levantaba dos palmos del suelo. Recuerdo las máquinas que había en los bares donde mis padres iban a tomarse sus cervezas con los amigos. Eran inmensas moles de diversión… para otros. Yo no llegaba; si estiraba bien los brazos era capaz de agarrar el joystick y aporrear algún botón sin sentido. Y más arriba, en las alturas, veía aquellos juegos legendarios: el Space Invaders, el Pac-Man o el Galaxian. Luces, soniditos, musiquillas… y ya cuando alguien echaba cinco duros en la máquina, aquello ya era un despliegue multimedia que para mí era como si me hubieran llevado a Disneyworld. El problema, una vez más que todo me quedaba demasiado alto.

Mientras los demás niños se dedicaban a perseguirse por entre las mesas del bar incesantemente, si el local en cuestión tenía máquina ya se podían ir olvidando de mí el resto de infantes porque yo me quedaría embobado mirando hacia arriba, a aquella pantalla que tanta diversión prometía.

Pero la gente crece, y los críos ya se sabe que lo hacen muy rápido (¿este es tu hijooo? ¡qué mayoooor está yaaa! ¡Dame un beso, niño! Ay que guapoo…). Como yo no fui una excepción, un par de años más tarde, o así, ya tenía la altura suficiente para enfrentarme a una de estas máquinas del entretenimiento. Lo recuerdo perfectamente. Mis primeros cinco duros fueron directos a una máquina genial, el primer beat’em up de la historia: Kung-Fu Master.

Ya había visto a otras personas jugar. Trataba de un chulapón oriental que era maestro de kung-fu (lógico) al que le secuestran la novia delante de sus propias narices. Al poco, recibe un misterioso manuscrito firmado por un tal X, instándole a que vaya a rescatarla a un templo diabólico, donde tendrá que enfrentarse con una serie esbirros capitaneados por cinco jefes a cada cual más malote. Este argumento tan manido a estas alturas, era entonces de lo más novedoso, hasta el punto que a mí me indignaba profundamente que hubiera tipos que pudieran hacerle eso a tu novia así con total impunidad. Hombre no, X, así no van las cosas.

Kung_fu_master_mame Nuestro héroe era bastante chulesco, sabía hacer un montón de movimientos (tres) que constaban de patada, puñetazo y patada voladora Chuck Norris Old-Style. Los secuaces del jefe malote te aparecían a diestro y siniestro, pero una patada tuya bastaba para deshacerte de ellos. Si no les golpeabas a tiempo, te agarraban a saber con qué intenciones mientras te chupaban la vida (expresión muy usada en los salones recreativos de la época) y tenías que menear el mando para que te soltaran lo antes posible. La música del juego sería hoy día un tostón insuperable, pero entonces te hacía entrar en el papel de rescata-novias y acompañaba muy bien a esos gritos a lo Bruce Lee que cualquier maestro de kung-fu debe saber hacer. En conjunto era un juego muy completo, cada nivel (o planta del templo diabólico) escondía distintos y sorprendentes retos y al final de la planta aguardaba un jefe deseando canearte de lo lindo con su palo, boomerang o lo que se terciara. Hay que destacar la sensación de agilidad que transmitía el juego. Al final te encontrabas aporreando las teclas mientras medio-bailabas y tatareabas la canción al tiempo que ibas avanzando. Y es que Kung-Fu Master (o Spartan X si lo jugaste en japón) era mucho, mucho juego.

Aquí tenéis el juego pasado enterito, con final incluido:

“But their happy days did not last long…” ¿A qué se refería? ¿Acaso Irem Corp. planeaba sacar la segunda parte? Lo cierto es que nunca llegó a ver la luz, al menos en recreativa. Para Famicom sí saco el Spartan X 2, de mejores gráficos y musiquillas, pero como el encanto del primero, nada. Os enseño también el juego en NES de principio a fin, para que comprobéis esos andares a lo Chiquito que le dejaron en esta conversión:

La cuestión final es: ¿Me llegué al final? La respuesta es un rotundo NO. La recreativas nunca se me dieron bien por culpa de aquellos personajes que eran los mirones de recreativos, y más concretamente la sub-especie llamada el Mirón-Sensei, que no es ni más ni menos aquel se se aposta a tu lado mientras no para de ponerle pegas a todo lo que haces, te intenta guiar con sus sabios consejos, cual Pat Morita frustrado: “¡Venga, salta! ¡Noooo! ¡Ahora nooo! ¡Pero gírate que te van a matar! ¡Así noooooooo! ¿Por qué no te agachas, no ves que viene por arriba? Tú salta cuando yo te diga. ¡Ahora! ¡Noooooo! Y tú más pendiente de los berridos de tu sensei que de lo que sucede en la pantalla, sientes como tus cinco duros se van a pique y te ves tentado de soltar el mando y dejárselo a ese individuo que (lo sabes) es tan malo o peor que tú.

Ah, la versión de NES, sin problemas.

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6 pensamientos en “Kung-Fu Master: Un arcade a mi altura

  1. Wow que juegaco !!! Cuando era pequeño era de mis favoritos. Lo vi poco en las recreativas, pero tenía la versión para mi MSX y, bueno, no pasaba de la segunda fase, pero me gustaba muchísimo.

    Me encantan tus posts retrojueguiles !!!!

  2. El Tabernero dice:

    Es mi próxima compra para la NES. Con eso lo digo todo.

  3. gamboi dice:

    Has retratado más de una tarde mía cuando era pequeño, ya que mi madre se iba con otras que también tenían niños a tomar un café a un bar de mi ciudad, lo peor es que yo arrastraba a los niños a la máquina a hacer el gilipollas sin un puñetero duro xD.

    Mi máquina en cuestión era Snow Bros, y aunque mis primeros 5 duros creo que no fueron a ella (creo que fué en un Daytona USA o un Virtua Fighter), cuando crecí un poco le heché unas cuantas partidillas, y posteriormente me lo pasé en el emulador de la MD.

    Que recuerdos joer!

  4. picomike dice:

    SrDeTamble, existe el Kung-Fu Master para MSX? Eso tengo que probarlo!! 😀 Me alegro de que te gusten estos post, la verdad es que yo también me lo paso bien recordando estas cosillas.

    Tabernero, entonces me parece que gana la NES… 😉

    gamboi, estoy seguro de que muchos nos hemos iniciado en los videojuegos de esa forma. Snow Bros también fue un peso pesado de las recreativas!

  5. chrom dice:

    Aquellos domingos cuando me fundía la paga semanal (veinte duros) en las “máquinas”. Que ingratas eran las máquinas, al menos las chucherias te dejaban ese malestar en el estómago que te hacía pensar que tus veinte duros aun estaban presentes en espíritu. Pero domingo tras domingo me gastaba los cuartos en las máquinas, lo que mas me gustaba era encontrar a algún amigo al que se le diera mal una maquinita que por contra se me diera a mi bien y atraerlo sutilmente para que viera cuan bien lo hacia yo. Mi máquina, sin duda Street Fighter2.

  6. picomike dice:

    Doy fe. Street Fighter II siempre ha sido tu predilecta. Lo que tengo que añadir es que al final a mí no se me acabó dando nada mal… 😛

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